|
DOCUMENTO DE TESIS |
|
|
La concreción de DSNB y la Descentralización como objetivo político La reflexión teórica que se plasmó en DSNB operó como racionalización de la experiencia vivida durante la dictadura militar, en donde un nuevo modelo de sociedad se estaba gestando. Las cooperativas, fundamentalmente las de vivienda, las ollas populares, las policlínicas barriales, los movimientos de consumidores, los grupos de mujeres, los movimientos vecinales, se convertían en espacios desde los cuales se resistía a la dictadura, se apuntaba a satisfacer o atender necesidades básicas de la población, superando, desde la autogestión y la solidaridad, la mercantilización y prescindencia que se pregonaba desde el poder del Estado. Se difundían otras pautas de vida y valores que se oponían al individualismo utilitarista; en suma, se creaba en ellos Poder. Se llegaba así a una concepción más rica y articulada del Poder. El poder no se ocupa en un día, se construye en el día a día. Todas las clases o fuerzas sociales tienen su cuota de poder. En el Estado se condensan y articulan los mismos con un sentido de dirección o hegemonía de clase. De ahí surgía una estrategia que apuntaba a lograr al mismo tiempo que el acceso al gobierno por parte de los sectores populares, el desarrollo de las capacidades de los actores de la sociedad civil. La Descentralización se ubica en justamente en este punto de la articulación del estado y la sociedad civil. Con la propuesta de DSNB, cuyo documento final es elaborado a principios de 1984; el Partido Socialista se presenta a la ciudadanía en el año electoral. Pero más allá de la propuesta electoral, DSNB significó la primera y más articulada concepción renovadora de la izquierda uruguaya, superando a las concepciones estatalistas de la izquierda tradicional, con una fuerte apuesta a una sociedad civil socialista, construyendo un nuevo concepto de ciudadanía. En el programa del FA para el Gobierno de Montevideo, presentado en las elecciones de 1989 y en la labor consiguiente del compañero Tabaré Vázquez con su equipo de gobierno y con el decidido y fuerte involucramiento de la bancada de la Junta Departamental la descentralización será uno de los ejes fundamentales.- La Descentralización y la Reforma del Estado se constituyen en ideas rectoras para la constitución de un gobierno democrático y progresista de mayorías nacionales. Es obvio que los socialistas no concebimos la descentralización como un mero problema administrativo, sino como un problema estratégico desde el punto de vista económico, social y político. El desarrollo equilibrado del país es condición para que exista una efectiva igualdad entre las regiones que lo componen. En la actualidad, la mayor parte del poderío económico y la capacidad de decisiones políticas están concentradas en Montevideo. Por lo menos, la mitad de la población, la que vive en el resto del país, no participa regularmente de los posibles beneficios del crecimiento económico (fuentes de empleo, desarrollo de infraestructuras, urbanización, etc., salvo escasas experiencias regionales y referidas fundamentalmente a los centros turísticos con cierta incidencia regional) ni es protagonista de los capítulos principales de ese crecimiento. La descentralización política y la descentralización administrativa del país, están indisolublemente ligadas a la descentralización y autonomía en materia económica, y ella debe continuar más allá de las capitales departamentales. Es necesario posibilitar que el trabajo y el crecimiento productivo y económico, se queden donde se genera y se extrae la riqueza. Es necesario que se promueva y apuntale la capacidad regional de generar crecimiento económico así como la capacidad de tomar decisiones políticas. Un desarrollo equilibrado del país, posibilitará el crecimiento de la capacidad productiva global de la sociedad.- Gobiernos Departamentales y Gobiernos Locales En nuestra estrategia, el objetivo de desarrollo y consolidación de los espacios regionales y locales resulta esencial para el cambio. Este desarrollo y consolidación, que será un proceso en ascenso, sólo puede darse en la medida que el Gobierno central, a través de la elaboración de un Presupuesto Nacional bien articulado (con elaboración participativa), oriente la inversión pública y el estímulo crediticio a la concreción de polos productivos regionales que reviertan la tendencia del interior hacia la inoperancia productiva y los contemple como regiones productivas adecuadas a sus características propias y a las particularidades del mercado nacional e internacional. Por estos motivos, la planificación territorial que identifique áreas homogéneas susceptibles de re-regionalización y desarrollo de proyectos productivos a nivel local, regional y del Mercosur es central en un modelo de desarrollo alternativo. Este
desarrollo y consolidación se torna fundamental para la viabilidad económica
y el cambio en equidad de toda la sociedad porque ésta sólo puede darse en el
marco global actual y futuro, si se multiplican los factores de integración
regional, particularmente con Brasil y Argentina. Desde esa óptica, las
regiones fronterizas están llamadas a jugar un rol fundamental en la medida
que su desarrollo favorece la transformación de fronteras "defensivas"
como han subsistido hasta ahora, a fronteras integradoras, desde una posición
de fortaleza económica y productiva. En esa perspectiva los gobiernos departamentales y los gobiernos locales cumplirán un papel ascendente fundamental, en la medida que articularán las particularidades regionales y locales con los intereses generales de la Nación, desde una posición de mayor acercamiento a la sociedad y en un marco de participación creciente. La organización multisectorial que privilegia los problemas concretos y cercanos, reconoce lo local como referencia: el territorio es una red de relaciones donde es posible lograr nuevos actores para el cambio y sobre todo da mayor factibilidad a la concreción de las propuestas populares. En el esfuerzo de planificación y sus consecuentes priorizaciones, que en primera instancia se concretarán en la alaboración participativa de los presupuestos locales y regionales, se trabaja con un lenguaje de mayor concreción como resultado justamente de la prioridad que se le da a los problemas específicos que atraviesan distintos sectores de la población y que cuentan con diagnósticos y propuestas que los diferentes actores realizan colectivamente. Se evita así la planificación "promedio" que no sirve a nadie, o a la tecnocrática que se aleja de la realidad pero que además no genera participación autónoma. Se favorece además una racionalización de los recursos humanos y materiales que apuestan a una más justa y coherente previsión presupuestal. La descentralización del poder debemos realizarla desde el punto de vista administrativo, social, económico. Eso no debe implicar desestructurar las identidades locales, sino lo contrario. Esto permitiría unidades menores, que en cada plano conceptual concreten la regionalización que resguarde la identidad local, en una identidad regional, que trasvase las divisiones administrativas. Descentralización no es dividir sino encontrar las formas de regionalizar las identidades existentes. La propuesta de descentralización se apoya fundamentalmente en la participación como elemento clave que asegura la profundización de la democracia. La construcción de una nueva ciudadanía implica el ejercicio de los derechos y deberes; porque habilita un escenario social y político donde el ciudadano cumple un papel activo y lo recrea como actor permanente. El concepto de construcción de ciudadanía, herramienta fundamental para precisar cómo se involucra la población en la participación, pasa por revertir la idealización y aún la ideologización en el sentido de la falta conciencia de la participación. En primera instancia es necesario partir de la cultura de la pasividad, de la lógica de "ajenidad", que el ciudadano tiene con la cosa pública. Es falso el presupuesto que el vecino no participaba porque no lo dejaban. No lo dejaban pero además no lo demandaba. La cultura tradicional ubica al ciudadano en una postura de "receptor", de "espectador" más que de protagonista. Para eso se le ha educado desde los distintos ámbitos de la sociedad. A lo que se agrega que dentro de la tradicional relación entre la Sociedad Civil y el Estado, ésta se articula sobre la demanda que alimenta el clientelismo político. Tampoco es posible desvincularse del contexto de descreimiento, individualismo, crisis de asociación, etc. que marcan la coyuntura e inciden lógicamente en el proceso. Toda esta realidad fue la que operó como punto de partida en el proceso de Descentralización iniciado por la IMM a partir del Gobierno del FA. Montevideo y el proceso de Descentralización El proyecto - proceso de Descentralización ha pasado, en estos once (11) años a formar parte del paisaje político montevideano y a constituirse en una de las principales señas de identidad del Gobierno del EP-FA. Son indiscutibles los profundos y valiosos cambios que se han producido y los avances en el proceso de profundización de la democracia en el sentido no solo de la participación de los vecinos, sino también en el rol que han jugado en el diseño de un programa de intervenciones ciudadanas más justas y racionales; no obstante en la actualidad, el proyecto descentralizador desarrollado por la IMM enfrenta una "prueba de fuego" ante el contexto recesivo profundo que atraviesa nuestra economía. Sin embargo el máximo desarrollo del proceso debe darse en la situación de crisis aunque se debe reconocer que se ha llegado a un punto donde se debe corregir y actualizar la descentralización para recuperar y multiplicar su accionar Resulta entonces un momento de inflexión para la descentralización, la cual se encuentra en un nivel que puede constituir la base de su relanzamiento o el inicio de una declinación más o menos acelerada. Lo que se plantea con fuerza, en este tiempo político, es o bien seguir en esta dinámica en la cual el ciudadano acepta la Descentralización sin involucrarse, con lo cual se profundizaría el escepticismo y la apatía, o bien introducir cambios que reposicionen a la descentralización como el eje político fundamental del nuevo relacionamiento entre el sistema político y la sociedad civil, que abra un horizonte de expectativas y esperanzas ciudadanas, convirtiéndose además en una herramienta que nos permitirá identificar áreas y regiones en todo el país, con potencial de desarrollo local y que hoy se encuentran desatendidas y marginadas por las políticas centralistas y neoliberales impulsadas por los gobiernos de las últimas décadas. La Descentralización se constituye en un instrumento válido para la construcción de un nuevo proyecto nacional de país al inicio del siglo XXI. No debemos olvidar que cuando hablamos de Descentralización, también estamos hablando del poder y de su distribución dentro del Estado y el sistema político, con la participación de la sociedad civil y sus organizaciones sociales, construyendo nuevos espacios colectivos de articulación social y política. Se trata de una lucha por construir otra cultura política; pasar de una cultura y ejercicio del poder individual, a una cultura colectiva con vocación de servicio; a un ejercicio de liderazgo compartido, a una transformación cada vez más democrática del poder. Pero nuestra propuesta no se agota en el tema del poder; también reconocemos como nuestro patrimonio la lucha por la eficiencia y la eficacia en el manejo de los recursos públicos. Pero la eficiencia y la eficacia no se limitan a la reducción del gasto público y mucho menos implica que esto se haga a través de recortes presupuestarios a políticas sociales tan vitales como la salud, la educación, la vivienda popular y la seguridad social. Mecanismos e instrumentos institucionales para los cambios en la Descentralización a nivel nacional La transformación del actual modelo descentralizado de Montevideo y el planteo de la instrumentación de la descentralización para el resto del país puede ser instrumentada de diversas maneras. En ese sentido, pueden haber distintos tipos de modificaciones a introducir los cuales requerirán también diferentes ámbitos institucionales y niveles de voluntad política para su implementación. Hoy por hoy se cuenta con instrumentos de modificaciones a través de: 1) La sola
voluntad de los Intendentes En los incisos del artículo 57 de la Ley Orgánica Municipal 9.5l5 del 28 de octubre de 1935, se precisan las competencias y posibilidades de descentralización, pero que no se practican por parte de los Intendentes; éstos al amparo de la Ley citada y con la anuencia de la Junta Departamental, pueden entregar y delegar competencias muy importantes. Si esto no se lleva a cabo es por falta de voluntad política y también por las debilidades y relaciones de dependencia que tienen las Juntas Locales Designadas. Uno de los motivos de que no se utilicen los medios legales ya estatuidos, tiene que ver con lo que más arriba explicitamos con respecto a la transformación de los espacios de poder y capacidad de decisión de la sociedad civil, por ello entendemos que es el momento de reivindicar el carácter electivo de todos los Gobiernos Locales del país. Para que los Gobiernos Locales sean electivos o, como se describen en la Ley Orgánica Municipal, las Juntas Locales, se precisa de una Ley Nacional o una Reforma Constitucional Se hace necesario entonces, evaluar las dos alternativas, su posibilidad de concreción y el escenario político adecuado para llevarlas adelante. a)Alternativa Ley Nacional: en 1994 la Administración Váquez envió al Parlamento un Proyecto de Ley que fue aprobado por la Junta Departamental de Montevideo, tendiente a que las Juntas Locales fueran declaradas electivas a partir de las elecciones nacionales. Este proyecto no fue sancionado ni considerado por el Parlamento. En 1995, la Administración Arana, vuelve a introducir el mismo proyecto y nuevamente pasa desapercibido por el Parlamento. Importa recordar que la propuesta de electividad de las Juntas Locales forma parte de los programas electorales del FA de 1994 y 1999. Ambos proyectos no tuvieron repercusión política. La derecha se opone y silencia su oposición y en el EP-FA el tema tiene bajo perfil. En la Comisión Parlamentaria, que trata la instrumentación de las leyes que reglamentan la Descentralización, la derecha no presenta proyecto alguno. Solo se presenta en 1998 un proyecto del Nuevo Espacio y otro del EP-FA, presentado por el Cro. Diputado Roque Arregui. Más allá de las actitudes predecibles de la derecha, importa hacer transparente la conducta de las fuerzas encuentristas. Es imprescindible que las posturas en torno a este tema se hagan explícitas, para evitar toda posible mala percepción por parte de los ciudadanos frentistas y encuentristas , los votantes de los otros partidos y la ciudadanía en general. Esta definición, tendrá que ver con la propuesta y las estrategias que se diseñen para alcanzar la electividad y tendrá que ver también con la voluntad y la energía política que se deberemos poner en el futuro inmediato, cuando termine el actual período de balance, reflexión y propuestas. En el contexto del actual debate político ( o por lo menos en el discurso) el Partido Nacional está comprometido con la descentralización. Fue una de sus cartas de negociación para acompañar la reforma constitucional en 1996. Si esto es así, importa que el EP-FA tenga una propuesta definida y viable. b)Alternativa de una Ley de Reforma Constitucional: si el camino del Proyecto de Ley, se encontrara políticamente obstruido por la manifiesta falta de voluntad de la derecha, la otra alternativa a evaluar es la introducción de una enmienda o Reforma Constitucional, referida a la elección de autoridades locales, a través de Artículo 331 de la Constitución. Deberemos pues definir en el próximo tiempo cuál es la mejor perspectiva para los cambios institucionales al modelo que se defina instrumentar, en acuerdo con las demás fuerzas políticas del EP-FA. Ello implicaría potenciar un gran debate nacional en Montevideo y en todo el país sobre la descentralización y por ende sobre la reforma del Estado, el sistema político y la democracia. A través de "cabildos", "seminarios", "talleres", se recabarían insumos que aporten a definir las características del proyecto de reforma, involucrando a todos los actores políticos y sociales, principalmente los locales. En fin de lo que se trata es de romper con el desaliento; desarrollar propuestas que nos pongan a la ofensiva política e ideológica, al tiempo de prefigurar nuestro proyecto de país que responda a las necesidades, expectativas y esperanzas de nuestra gente. Todo esto significará un reto para el sistema político, que hasta ahora centró su accionar en la problemática global. Sin descuidar esta esfera central y sin caer tampoco en las tentaciones recentralizadoras, garantizando la especifidad de lo local, debemos encarar ese desafío con la convicción de que por aquí pasa mucho del esfuerzo a aplicar para construir una sociedad socialista y por tanto, profundamente democrática.
|
|